Una poesía en mil descripciones

Llegué a una montaña bien cerca del cielo, donde abundaba la flora hermosa y un paisaje espectacular. Mientras me maravillaba por el ambiente, a aquel lugar tan precioso llegó una pareja de enamorados.

Cuando me vieron tan inspirado en la belleza del escenario, me preguntaron por una poesía, de esas de las más inspiradoras. Yo sonreí, me despojé de mi sombrero, prendí un cigarro, luego les pedí que se sentaran al verde suelo porque tendrían que prestar mucha atención. ¿Después?

Mi siguiente acción fue describirte en mil oraciones.

Era un momento mágico en el campo. El jíbaro se asombraba cuando con el girasol te comparaba. Entre paisaje y el cántico del viento nunca paré de alardear de tu sonrisa perfecta que denota simpatía y la sencillez más preciosa que he conocido.

Podía hablar de tus cuevas, pero esas se notan a simple vista y preferí, en cambio, describir tu corazón…

Aunque te confieso que comencé a notar cómo el sol se iba escondiendo, dando paso a ese momento donde el resplandor de tu mirada le causara miedo, miedo de perder su empleo al darse cuenta que Dios te había obsequiado los ojos más bellos de toda su creación.

Y de mil descripciones prometidas, me bastaron solo cinco oraciones para que los enamorados también sintieran temor, temor de que la belleza de su amor se quedara corta, corta al lado de la preciosa poesía que eres tú.

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